domingo, 10 de noviembre de 2013

EN MITAD DE LA NOCHE

En mitad de la noche me desperté. Y había
mucha luz en la casa. Oí, por el pasillo,
ir y venir de pasos apresurados, voces
tristes que lamentaban no sé qué, y, a lo lejos,
como un lento murmullo —diríase— de oraciones
entre llanto y gemidos susurradas. Sin duda,
algo extraño ocurría. Asustado, confuso,
llamé con insistencia a mi madre, mas nadie
acudió de momento. Porfié, y al fin vino
a mi cuarto, afligida, la sirvienta, y después
de acariciarme un poco y abrazarme, la pobre,
me dijo como pudo que mi padre había muerto,
que había muerto hacía un rato, de repente.
Contaba
siete años yo entonces y tenía mi padre,
cuando murió, la misma edad que tengo ahora.
Casi cuarenta años han pasado y aún
respiro aquella angustia. Mientras mi mano intenta
escribir estos versos, voy viviendo de nuevo
los momentos terribles de esa noche remota.
Mi madre está sentada en un sillón, llorando
con total desconsuelo junto al lecho en que yace
el cuerpo de mi padre. Yo me acerco y la beso;
le digo que no llore, que no llore. Su llanto,
en verdad, me conmueve más aún que el cadáver
—tan irreal, tan solo en su quietud— del hombre
que hasta ayer mismo era el centro de esta casa
y jugaba conmigo, con mi hermana y mi hermano.
La muerte transfigura, traza súbitamente
un enigma en su presa, y no reconocía
apenas a mi padre en aquellos despojos
misteriosos, herméticos.
Entonces no lo supe.
Pero hoy sé que esas horas en que tomé conciencia
del tiempo y de la muerte arrasaron mi infancia:
dejé allí de ser niño.
La casa fue llenándose
poco a poco de gente. Familiares y amigos
daban con su presencia lugar a repetidas
escenas de dolor. La noche no avanzaba.
Parecía que nunca iba a llegar la aurora.

                                                                      Eloy Sánchez Rosillo (de La vida, 1996)

sábado, 9 de noviembre de 2013

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,    

fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mágica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria 
como el pan de cada día, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas 
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y calculo por eso con técnica qué puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta 
a la vez que latido de lo unánime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. 
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
Gabriel Celaya




CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO



 
He poblado tu vientre de amor y sementera, 
he prolongado el eco de sangre a que respondo 
y espero sobre el surco como el arado espera: 
he llegado hasta el fondo. 
 
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, 
esposa de, mi piel, gran trago de mi vida, 
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos 
de cierva concebida. 
 
Ya me parece que eres un cristal delicado, 
temo que te me rompas al más leve tropiezo, 
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado 
fuera como el cerezo. 
 
Espejo de mi carne, sustento de mis alas, 
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 
ansiado por el plomo. 
 
Sobre los ataúdes feroces en acecho, 
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa 
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho 
hasta en el polvo, esposa. 
 
Cuando junto a los campos de combate te piensa 
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, 
te acercas hacia mi como una boca inmensa 
de hambrienta dentadura. 
 
Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera: 
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo. 
y defiendo tu vientre de pobre que me espera, 
y defiendo tu hijo. 
 
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 
envuelto en un clamor de victoria y guitarras, 
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado 
sin colmillos ni garras.  
 
Es preciso matar para seguir viviendo. 
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. 
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo 
cosida por tu mano. 
 
Tus piernas implacables al parto van derechas, 
y tu implacable boca de labios indomables, 
y ante mi soledad de explosiones y brechas, 
recorres un camino de besos implacables. 
 
Para el hijo será la paz que estoy forjando. 
Y al fin en un océano de irremediables huesos 
tu corazón y el mío naufragarán, quedando 
una mujer y un hombre gastados por los besos.
 



Miguel Hernández

LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS


LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde. 
Eran las cinco en punto de la tarde. 
Un niño trajo la blanca sábana 
a las cinco de la tarde. 
Una espuerta de cal ya prevenida 
a las cinco de la tarde. 
Lo demás era muerte y sólo muerte 
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones 
a las cinco de la tarde. 
Y el óxido sembró cristal y níquel 
a las cinco de la tarde. 
Ya luchan la paloma y el leopardo 
a las cinco de la tarde. 
Y un muslo con un asta desolada 
a las cinco de la tarde. 
Comenzaron los sones de bordón 
a las cinco de la tarde. 
Las campanas de arsénico y el humo 
a las cinco de la tarde. 
En las esquinas grupos de silencio 
a las cinco de la tarde. 
¡Y el toro solo corazón arriba! 
a las cinco de la tarde. 
Cuando el sudor de nieve fue llegando 
a las cinco de la tarde 
cuando la plaza se cubrió de yodo 
a las cinco de la tarde, 
la muerte puso huevos en la herida 
a las cinco de la tarde. 
A las cinco de la tarde. 
A las cinco en Punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama 
a las cinco de la tarde. 
Huesos y flautas suenan en su oído 
a las cinco de la tarde. 
El toro ya mugía por su frente 
a las cinco de la tarde. 
El cuarto se irisaba de agonía 
a las cinco de la tarde. 
A lo lejos ya viene la gangrena 
a las cinco de la tarde. 
Trompa de lirio por las verdes ingles 
a las cinco de la tarde. 
Las heridas quemaban como soles 
a las cinco de la tarde, 
y el gentío rompía las ventanas 
a las cinco de la tarde. 
A las cinco de la tarde. 
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde! 
¡Eran las cinco en todos los relojes! 
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
Federico García Lorca

PARA VIVIR NO QUIERO...

      

                                    Para vivir no quiero
                                    islas, palacios, torres.                           

                                    ¡Qué alegría más alta:
                                    vivir en los pronombres!

                                    Quítate ya los trajes,
                                    las señas, los retratos;
                                    yo no te quiero así,
                                    disfrazada de otra,
                                    hija siempre de algo.
                                    Te quiero pura, libre,
                                    irreductible: tú.
                                    Sé que cuando te llame
                                    entre todas las gentes
                                    del mundo,
                                    sólo tú serás tú.
                                    Y cuando me preguntes
                                    quién es el que te llama,
                                    el que te quiere suya,
                                    enterraré los nombres,
                                    los rótulos, la historia.
                                    Iré rompiendo todo
                                    lo que encima me echaron
                                    desde antes de nacer.
                                    Y vuelto ya al anónimo
                                    eterno del desnudo,
                                    de la piedra, del mundo,
                                    te diré:
                                    «Yo te quiero, soy yo».

Pedro Salinas, de La voz a ti debida

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE



Cerrar podrá mis ojos la postrera 
sombra que me llevare el blanco día, 
y podrá desatar esta alma mía 
hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera 
dejará la memoria, en donde ardía: 
Nadar sabe mi llama el agua fría, 
y perder el respeto a ley severa.

                                  Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 
                                  venas, que humor a tanto fuego han dado, 
                                  médulas, que han gloriosamente ardido,
                                  
                                  su cuerpo dejará, no su cuidado; 
                                  serán ceniza, mas tendrá sentido; 
                                  polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo

PALABRAS PARA JULIA


Tú no puedes volver atrás 
porque la vida ya te empuja 

como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir 
con la alegría de los hombres 
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada 
te sentirás perdida o sola 
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán 
que la vida no tiene objeto 
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás 
como a pesar de los pesares 
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer 
así tomados, de uno en uno 
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti 
cuando te escribo estas palabras 
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás 
tu futuro es tu propia vida 
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas 
que les ayude tu alegría 
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti 
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes 
junto al camino, nunca digas 
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás 
como a pesar de los pesares 
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección 
y este mundo tal como es 
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte 
nada más pero tú comprende 
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso.


José Agustín Goytisolo